Revista Veritas Et Scientia - Perú
Vol. 13. N° 1
Enero – Junio de 2024
ISSN Edición Online: 2617-0639
https://doi.org/10.47796/ves.v13i03.965
ARTÍCULO ORIGINAL
REIMAGINANDO LA EDUCACIÓN EN AMÉRICA LATINA: HUMANIZACIÓN Y EMANCIPACIÓN EN LAS PEDAGOGÍAS CRÍTICAS Y DECOLONIALES[1]
REIMAGINING EDUCATION IN LATIN AMERICA: HUMANIZATION AND EMANCIPATION IN CRITICAL AND DECOLONIAL PEDAGOGIES
Juan Camilo Cardenal Salazar [2]
Universidad Pedagógica Nacional de Colombia
https://orcid.org/0000-0003-1771-9807
Recibido: 14/05/2024
Aceptado: 02/07/2024
Publicado online: 15/07/2024
RESUMEN
En este artículo se examinan los conceptos de humanización y emancipación en las pedagogías críticas y decoloniales, destacando su relevancia para analizar la educación en Latino América. A partir de una lectura de obras clave de Paulo Freire y Catherine Walsh, se explican las definiciones y aplicaciones de los conceptos para responder a problemas contemporáneos como las crisis climáticas, sociales y ambientales, así como nuevos desafíos tales como las nuevas tecnologías y perspectivas posthumanistas. En este estudio se busca clarificar términos que, en ocasiones, son usados de manera ambigua, al tiempo que se busca ofrecer un enfoque que permita repensar lo que significa educar hoy.
Palabras clave: Pedagogías críticas, Pedagogías decoloniales, Humanización, Educación.
ABSTRACT
This article examines the concepts of humanization and emancipation in critical and decolonial pedagogies, highlighting their relevance for analyzing education in Latin America. Through a reading of key works by Paulo Freire and Catherine Walsh, the definitions and applications of these concepts are explained to address contemporary issues such as climate, social, and environmental crises, as well as ner challenges such as new technologies and posthumanist perspectives. This study aims to clarify terms that are used in an ambiguous way, while providing an approach that allows a rethinking of what it means to educate today.
Keywords: Critical Pedagogies, Decolonial Pedagogies, Humanization, Education
La educación en América Latina ha sido un campo en disputa entre los esfuerzos por consolidar sistemas educativos amplios y eficientes que logren reducir las tasas de analfabetismo, las propuestas curriculares que buscan adaptar modelos de otras regiones para responder a las particularidades del territorio, y la implementación de modelos neoliberales que convierten la educación en una mercancía que tiene valor para aumentar la capacidad individual del capital humano. Ante este panorama, las teorías pedagógicas críticas de Latinoamérica ofrecen una perspectiva para repensar y transformar las prácticas educativas. En este artículo, analizaremos dos conceptos fundamentales: humanización y emancipación, los cuales implican un modo específico de entender la educación, así como sus sentidos y efectos. Se busca explorar cómo estas ideas pueden servir para repensar la educación como un espacio de empoderamiento, así como una alternativa a problemas actuales en la región.
Para analizar estos conceptos, se abordaron dos teorías claves en la producción pedagógica latinoamericana, las teorías de Paulo Freire y de Catherine Walsh. Por una parte, Freire nos introduce a la educación como un acto de liberación política, por medio de una crítica a los modelos que producen condiciones deshumanizantes, buscando un diálogo entre educadores y educandos para construir praxis transformadoras de las condiciones sociales. Por otra parte, Walsh analiza cómo las influencias coloniales persisten en las prácticas educativas y sociales en Latinoamérica, usando un análisis decolonial que fomente una interculturalidad crítica, donde se reconozcan los saberes ancestrales y epistemologías negadas por visiones eurocéntricas, mostrando la educación como espacio de resistencia y reconstrucción.
Usando un análisis de contenido, este estudio examina cómo se usan los conceptos de humanización y emancipación, abordando como estos se articulan con marcos de análisis y como ofrecen respuestas a desafíos actuales en América Latina. Para esto se busca clarificar los términos, puesto que, en diversas investigaciones, estos se usan de manera ambigua o indistinta, restando su capacidad de transformación y potencia analítica.
En este trabajo se busca revisitar los fundamentos teóricos de las pedagogías críticas y decoloniales, así como pensar en los desafíos que enfrenta ante nuevos panoramas marcados por crisis económicas, sociales, ambientales y políticas, así como los asuntos relacionados con el auge de nuevas tecnologías y perspectivas posthumanistas que redefinen lo que entendemos por lo humano. Ante un panorama que está marcado por el neoliberalismo y la homogeneización cultural, revisar las pedagogías críticas es abrir nuevos horizontes para reflexionar nuevamente sobre problemas cruciales en educación. Con ello se busca reflexionar sobre lo que significa educar actualmente, en un mundo complejo y desigual, pensando en nuevos futuros educativos que puedan ser más inclusivos y transformadores.
METODOLOGÍA
Para llevar a cabo un estudio de los conceptos centrales de las pedagogías críticas y decoloniales en América Latina, se centró la atención en sus principales exponentes, siendo estos Paulo Freire y Catherine Walsh, implementando un estudio de fuentes primarias. Esto se realizó con la finalidad de comprender los conceptos de humanización y emancipación, entendidos como conceptos claves en sus teorías y propuestas educativas.
Se eligió una exploración teórica debido a la necesidad observada en la literatura académica de clarificar y sistematizar el uso de estos conceptos. En algunos estudios se ha empleado términos de manera indistinta o ambigua, a menudo aludiendo a dimensiones diferentes o contradictorias. Esto resalta la importancia de un análisis que identifique cómo estos conceptos se definen dentro de los textos, así como el modo en que estos se integran y relacionan con sus respectivos marcos teóricos.
La metodología empleada fue el análisis de contenido, siguiendo la metodología propuesta por Bardin (1991). Este enfoque se utilizó para explorar los conceptos claves en la obra de los autores. Se seleccionaron los textos con base en su impacto, medido por el índice de citas y las referencias frecuentes en la literatura especializada. Se realizaron búsquedas en bases de datos académicas, eligiendo los documentos más citados que abordan los conceptos de humanización y emancipación.
El proceso de análisis de contenido comenzó con una lectura preliminar de textos significativos, como 'Pedagogía del Oprimido' y 'Pedagogía de la Autonomía' de Paulo Freire, así como 'Pedagogías Decoloniales' de Catherine Walsh. Durante esta fase, se identificaron y extrajeron descripciones explícitas de los conceptos de humanización y emancipación. Cada texto fue analizado para comprender cómo los autores conceptualizan estos términos en relación con la educación y contextos de desigualdad, exclusión y sistemas de poder. Los fragmentos relevantes fueron organizados en categorías temáticas, permitiendo un análisis de patrones y relaciones entre los conceptos. Este proceso fue asistido por herramientas de análisis cualitativo que facilitaron la codificación y manejo de los datos textuales.
Así, para comprender los conceptos claves, se revisó el contexto y la manera en que se interrelacionan en el discurso general de los textos. En este sentido, se pudo identificar como conceptos como humanización se vinculan con el problema de la opresión, las prácticas educativas y la dialogicidad. Con esto, se busca identificar las relaciones entre estos términos mostrando las dimensiones críticas de las teorías. Igualmente, este enfoque permitió una revisión intertextual entre las obras de Freire y Walsh, destacando similitudes y diferencias en sus enfoques. Así, se pudo mapear el paisaje teórico que rodea el concepto de humanización identificando como estos conceptos se relacionan con el resto del análisis.
Esta revisión crítica se complementa con la lectura de teorías claves que sustentan las teorías de los autores, así como otros artículos y libros que sirven de referencia para los autores. Con esto se pretende aclarar las definiciones y usos de los conceptos de humanización y emancipación, evitando generalizaciones y simplificaciones que puedan restar su importancia y significado en los procesos de transformaciones sociales y educativas. Con esto se busca aportar para comprender estos conceptos de manera más clara, de modo que puedan contribuir a las necesidades y desafíos de las sociedades latinoamericanas actuales.
Discusión teórica
En el marco del campo pedagógico, Latinoamérica ha contribuido a la construcción de propuestas centradas en comprender, cuestionar y reflexionar sobre los fenómenos de desigualdad social, económica y política que han caracterizado nuestras sociedades. En este documento se busca explorar las dimensiones teóricas de las pedagogías críticas latinoamericanas, centrando la atención en dos conceptos que se usan en distintas perspectivas críticas, humanización y emancipación, a partir de la revisión de las obras de Paulo Freire y Catherine Walsh. Freire aporta una crítica a los modelos educativos, destacando como estos fomentan modos de opresión, Walsh amplia la discusión al ámbito de la decolonialidad, explorando las influencias coloniales en las prácticas educativas y sociales en América Latina. Al analizar sus contribuciones, se busca ofrecer una comprensión sobre cómo la educación no se limita a un problema de eficiencia en el aprendizaje, métricas de evaluación e indicadores de calidad, sino que puede entenderse como un espacio de resistencia, transformación y liberación, en línea con lo que propone Giroux (2004) como una pedagogía radical. En este análisis se buscará entender cómo se comprenden los procesos de humanización y emancipación dentro de sus marcos teóricos, y cómo estos procesos permiten responder a desafíos contemporáneos del campo educativo.
Paulo Freire es un autor fundamental para el campo de las pedagogías críticas, en su obra logró articular una crítica profunda de los modelos educativos y como estos perpetúan estructuras de poder. A través de su experiencia en distintos contextos, pasando por su exilio en Chile, posteriormente en universidades en Estados Unidos, su apoyo a sistemas educativos en África, y posteriormente su paso por la secretaría de Educación de São Paulo en Brasil, Freire desarrolló una comprensión amplia sobre cómo la educación puede servir, no solo para replicar, sino también para desafiar las estructuras de poder que construyen modos de opresión.
Freire enfatizó en la importancia de la conciencia, y el proceso de concienciación, por medio del cual las personas se hacen conscientes de las estructuras socio-políticas que los oprimen, y así generar transformaciones que cambien las condiciones. Su enfoque busca que la educación debe ser un acto de liberación, no de domesticación, a partir de una pedagogía dialógica que ve al estudiante y al educador en roles activos, participativos y co-creativo, donde el aprendizaje es un proceso mutuo de creación de conocimiento y conciencia crítica. Estas ideas fueron claves para autores que propusieron prácticas de liberación como Hooks (1994), Giroux (1983) y McLaren (2000)
En su texto emblemático “Pedagogía del Oprimido” (1970), Freire introduce un concepto clave para la comprensión de la práctica educativa: vocación ontológica. Con este concepto muestra cómo el ser humano, en tanto proyecto inacabado por su incompletitud, tiene una vocación de avanzar hacia la libertad, la cual es sistemáticamente sofocada por prácticas de opresión. Este concepto es clave para entender su crítica a la educación bancaria, en la cual el conocimiento es depositado en los estudiantes, quienes actúan como receptáculos vacíos. A este, Freire contrapone el modelo de enfoque dialógico, en el que el conocimiento se construye colectivamente reconociendo que los estudiantes pueden hacer transformación de la realidad a través de la reflexión y la acción. Con este enfoque, Freire no sólo cuestiona las estructuras de poder dentro de las aulas, sino que también propone una metodología que proponga alternativas a los movimientos sociales para formar procesos hacia la liberación social. Posicionando el diálogo como herramienta pedagógica central, Freire propone una visión de la educación como un acto político y transformador.
Orientado a este fin, la humanización aparece como un concepto clave en la obra de Freire. En la Pedagogía del Oprimido, el ser más como principio es negado por las prácticas opresoras que deshumanizan a oprimidos y opresores, puesto que ambos ven negada su vocación ontológica, al ser deshumanizados a partir de la propia opresión deshumanizante que ejercen unos y otros interiorizan (1970, pág. 28). La humanización entonces requiere de un modelo dialógico de participación donde se reflexione y actúe para transformar la realidad. A través de la praxis, como proceso que mezcla acción y reflexión, se alcanza una emancipación de los oprimidos y opresores, por medio de una conciencia crítica que identifique estructuras de poder y las transforme para garantizar condiciones de humanidad para todos.
En una revisita a su texto, durante el año de 1994 como Secretario de Educación de São Paulo, Freire escribió el texto Pedagogía de la Autonomía: un reencuentro con la pedagogía del oprimido, donde revisa sus ideas y responde a las críticas dadas a su texto, resaltando como la esperanza es un elemento clave en la liberación. Esta esperanza no es una esperanza ingenua, sino una fuerza que lleva a la acción, una esperanza crítica que anima la lucha contra la opresión (pág. 69). La educación es un espacio para que estudiantes y educadores se descubran como sujetos activos, capaces de cambiar su historia. La emancipación busca comprender el contexto social para transformar las estructuras de opresión hacia nuevos horizontes que permitan un mundo más justo, por medio de la praxis.
La influencia de Freire en las pedagogías críticas va más allá de la teorización, pues ha inspirado a generaciones de educadores para adoptar enfoques que prioricen la emancipación y la conciencia crítica. Sus teorías siguen siendo relevantes en el análisis de prácticas educativas contemporáneas, agrupadas bajo el nombre de Educación Popular, particularmente en contextos donde la emancipación y marginalización persisten. Igualmente, importante, fue su aporte para autores como Honneth (1992) quien propone una teoría del reconocimiento mutuo como aspecto fundamental para la justicia social. Al revisar las ideas de Freire frente a los desafíos contemporáneos, se revela que su pensamiento nos ayuda a reevaluar los objetivos y métodos de la educación actual. Sus ideas nos instan a reflexionar críticamente sobre nuestro papel como educadores, especialmente sobre cómo nuestras prácticas pedagógicas pueden reproducir condiciones de desigualdad. Además, nos invita a explorar cómo estás prácticas influyen en las oportunidades para el desarrollo integral de los estudiantes, o si, por el contrario, podrían estar limitándolas. Su legado es un desafío para educadores y teóricos que nos hace reflexionar continuamente sobre objetivos y métodos de la educación moderna, así como la relación entre la enseñanza y la emancipación, mostrando cómo la educación sigue siendo un punto clave para comprender un mundo cada vez más complejo y desigual.
Catherine Walsh es una autora clave en el campo de las pedagogías decoloniales, y sus obras han permitido crear una reflexión de la educación en América Latina. Su trabajo se centra en mostrar cómo las estructuras coloniales de poder persisten en las prácticas educativas y sociales contemporáneas. Sus investigaciones han contribuido a la conformación de un marco pedagógico que busca transformar la educación hacia un proceso liberador y emancipador.
Su obra está marcada por la transición geográfica, ya que nació en Estados Unidos, pero se trasladó a Ecuador, donde ha vivido y trabajado la mayor parte de su carrera académica. En este proceso pudo observar y analizar las interacciones entre distintos sistemas de conocimiento. Su enfoque teórico se caracteriza por un análisis crítico del colonialismo y su impacto duradero en las sociedades contemporáneas. A través de sus publicaciones explora conceptos como interculturalidad, decolonialidad y epistemologías del Sur, señalando como los sistemas sociales, incluyendo el educativo tiene una matriz de saber-poder en el marco de la colonialidad. Una de sus obras claves es “Pedagogías Decoloniales: Prácticas Insurgentes de Resistir, (Re)existir y (Re)vivir” el texto compila distintas perspectivas sobre cómo la educación puede ser una forma de resistencia contra las estructuras de opresión, examinando sus dimensiones culturales, políticas y epistémicas.
En este libro el concepto de Interculturalidad Crítica describe un enfoque que va más allá de la mera coexistencia o mezcla de culturas. Para Walsh, la interculturalidad crítica implica un desafío radical a las jerarquías impuestas por el colonialismo en la educación. Este enfoque busca desmantelar las relaciones de poder que subyacen a las prácticas educativas, para reconstruirlas de modo que reflejen la diversidad cultural y epistemológica, en línea con lo que Grosfoguel (2007) señala como las epistemologías del sur, en tanto perspectivas que responden a comprensiones profundas de saberes globales y locales que desafían estructuras dominantes de conocimiento.
El concepto de humanización en Walsh se ve como un desafío a las estructuras de poder heredadas del colonialismo, las cuales han marcado profunda y persistentemente las sociedades contemporáneas, particularmente en latinoamérica. A través del análisis decolonial, Walsh reinterpreta la humanización como una recuperación de la humanidad perdida bajo el marco de colonialidad-modernidad, para pensarlo como una práctica activa y continua de resistencia y re-existencia. Para ella, el proceso de humanización implica un proceso de desaprendizaje de los paradigmas impuestos y un re-aprendizaje que reconoce y valora saberes, experiencias y modos de existencia que han sido marginalizados e invisibilizados por una epistemología occidental dominante. Este enfoque sitúa la humanización en el centro de la pedagogía decolonial, proponiendo que la educación es un espacio de confrontación y transformación, donde se puedan articular identidades y reconstruir historias en términos que reflejen las realidades y aspiraciones, puesto que, como señala el artículo de Tuck (2012), la decolonización no es una metáfora, aludiendo que la decolonización implica cambios sustanciales antes que cambios teóricos o superficiales en el modelo educativo. En el marco de una educación intrínsecamente intercultural, Walsh invita a repensar la educación como un diálogo constante de cosmovisiones, encuentro que es pedagógico y político, dirigido hacia mundos con mayor diversidad y pluralidad como fuentes de renovación.
La filosofía decolonial sirve como marco para conceptualizar el concepto de humanización, a modo de desafío a las estructuras coloniales históricamente establecidas. A partir del trabajo de autores como Frantz Fanón (1963) y Paulo Freire (1970), la autora cuestiona las estructuras de poder heredadas por el colonialismo, tomando una postura que parte del proceso activo de resistencia y (re)existencia frente a la deshumanización de la modernidad-colonialidad. Re-aprender es reconocer prácticas que han sido marginadas y subyugadas por perspectivas eurocéntricas, para abrir espacios a la reconstrucción de historias e identidades que reflejan realidades y aspiraciones de las comunidades, de manera similar a lo que Mignolo (2003) denomina pensamiento fronterizo, como un desafío a las narrativas coloniales.
Walsh mantiene un diálogo con la obra de Paulo Freire, a quien acude, y al mismo tiempo cuestiona, reconociendo que la pedagogía crítica es una herramienta para la emancipación, ampliando el horizonte con la crítica a la “colonialidad del ser”, la cual alude a la clasificación que se realiza asignando un lugar de superioridad a los valores occidentales, y un lugar de inferioridad a los grupos no europeos. Esta perspectiva sirve para advertir, como señalaba Freire que la educación reproduce estructuras de poder, lo que se amplía para analizar cómo estas estructuras están relacionadas con el legado colonial en latinoamérica. En su texto Pedagogías decoloniales caminando y preguntando (2014) Walsh retoma una pedagogía que se nutra de la experiencia de opresión y los conocimientos situados de comunidades marginadas. En las pedagogías decoloniales, la humanización aparece como un acto de resistencia que desafía la lógica opresora de la modernidad-colonialidad, lo que implica desmantelar estructuras coloniales por medio de una educación crítica y decolonial. En este proceso se unen praxis política y pedagógica para reconstruir identidades y saberes marginados, a partir de un diálogo entre cosmovisiones, para una educación política y transformadora.
La relevancia de la obra de Walsh en el campo educativo es inmensa. Los debates contemporáneos sobre inclusión, diversidad y justicia social son temas claves en el debate público y académico, para los cuales el trabajo de la autora ofrece herramientas críticas que permitan abordar estos desafíos desde una perspectiva radical. Sus teorías y metodologías ofrecen a educadores la posibilidad de repensar la educación como la producción de nuevos conocimientos que emergen desde la interacción crítica entre diversas epistemologías. Su influencia en latinoamérica igualmente se ha extendido a numerosas iniciativas y proyectos que buscan implementar prácticas educativas decoloniales en instituciones formales e informales. Su trabajo ha sido clave para una nueva generación de educadores y académicos en diversas regiones que han usado la decolonialidad como estrategia clave para reformular las políticas y prácticas educativas en sus contextos. Más allá de la crítica a las estructuras de poder colonial, sus obras sirven como marco para imaginar y construir futuros educativos distintos.
Los conceptos de humanización y emancipación son claves para comprender cómo las pedagogías críticas nos permiten pensar en alternativas a las situaciones actuales en educación frente a problemáticas globales tales como las desigualdades, crisis y problemas económicos y ambientales. Frente a un panorama educativo marcado por discursos sobre calidad y eficiencia, las pedagogías críticas latinoamericanas ponen en el centro preguntas sobre el sentido de la educación, así como una perspectiva que problematice las prácticas educativas, rescatando el papel de los estudiantes y educadores como actores claves que puedan transformar las condiciones que les rodean. Sin embargo, con el fin de comprender de mejor manera estos conceptos, es importante resaltar que, a pesar de ser conceptos centrales, estos no son iguales ni idénticos, puesto que cada uno tiene características distintivas que serán abordadas a continuación.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Ante un panorama educativo marcado por una perspectiva neoliberal que propone formas de mercantilización donde la educación se entiende como mercancía que incrementa el capital humano y mejora la competitividad económica de los individuos, y que establece una perspectiva homogeneizante que favorece la competencia y el éxito individual a cualquier costo, es importante repensar desde las pedagogías críticas el papel de la agencia de las personas, la importancia de educación como un espacio para la formación del individuo, y generar una ética del cuidado y la responsabilidad. El contexto latinoamericano marcado por dictaduras militares, formas de colonialismo que han continuado en los países, movimientos sociales que han reivindicado la identidad mestiza de Latinoamérica ha permitido que la producción pedagógica responda a un conjunto de problemas particulares, los cuales se muestran cada vez más transversales y necesarios en la actualidad.
En este estudio se busca resaltar la riqueza y diversidad de las pedagogías latinoamericanas, centrando la atención en dos corrientes principales: las pedagogías críticas y las pedagogías decoloniales, representadas principalmente por Paulo Freire y Catherine Walsh, respectivamente. Más allá de un problema centrado en el aprendizaje, pensar la humanización como concepto central permite responder a desafíos regionales como la desigualdad social, económica y cultural, al igual que permitir reflexiones globales sobre sistemas educativos centrados en la equidad y la justicia social.
Sin embargo, es necesario precisar que, aunque ambas perspectivas usan un conjunto de conceptos comunes como la humanización, la emancipación y la educación, estas corrientes tienen perspectivas que difieren significativamente en la interpretación de estos conceptos, reflejando diversos enfoques para abordar las estructuras de poder, así como el modo en que estos se reflejan en los sistemas educativos.
La pedagogía crítica, surgida de movimientos sociales, enfatiza en la construcción de saberes que desafíen la lógica moderna por medio de la cual se han validado formas de conocimiento, y que se consolidan en prácticas de educación por medio de metodologías dialógicas y participativas. Esta corriente, resalta la humanización como un proceso colectivo, donde la educación se ve como un medio para la emancipación social a través del desarrollo de la conciencia crítica entre los oprimidos. La humanización entendida como parte de la vocación ontológicamente viva de convertirse en más humano (Freire, 1970, pág. 28) ubica a la educación como parte de un proyecto que reconoce al ser humano como inacabado, es decir, siempre abierto a cambios y nuevos horizontes de posibilidad. Esta vocación es negada y sofocada en sistemas de opresión, ante los cuales se debe superar las condiciones que limitan a las personas a partir de una educación emancipadora que fomente una conciencia crítica que les permita participar activamente en la sociedad.
Por su parte, las pedagogías decoloniales, emergiendo de un contexto más global a partir de las críticas al colonialismo, señalan como la humanización emerge más como un proceso de autoliberación y ruptura con las matrices de poder colonial surgidas en la modernidad. En esta perspectiva, el énfasis está puesto en el reconocimiento y valoración de saberes y prácticas educativas que rescaten saberes ancestrales, propios o territoriales, proponiendo una redefinición de la educación que sea más amplia que la propuesta a partir de modelos occidentalizados y capitalistas. Como señala en esta misma línea Escobar (2000) la colonialidad no sólo se mantiene en el orden económico o político, sino que está en la esfera del saber y el ser, perpetuando una forma única de jerarquía para entender el conocimiento y la realidad. Reconocer que las estructuras de poder, los marcos de conocimiento y las prácticas sociales y políticas fueron impuestas en latinoamérica durante la colonización favoreciendo modelos eurocéntricos como el movimiento solo en inglés estudiado por Macedo (2000), el cual es una extensión del colonialismo, a nivel político usando la lengua como implica en términos pedagógicos pensar igualmente en el modo de integrar saberes invisibilizados, rompiendo con narrativas coloniales que desconocen las experiencias y modos de vida de comunidades.
Entre ambas perspectivas encontramos una serie de similitudes, la educación como espacio transformador, la crítica a estructuras sociales, y la centralidad del diálogo. La educación transformadora alude a que la educación es un espacio por medio del cual se puede generar prácticas humanizadores y acciones que permiten la emancipación. La praxis pedagógica es una herramienta que permite a las personas generar conciencia sobre su realidad opresiva, y desde ahí generar proceso de cambio que conduzcan a relaciones más justas. Del mismo modo, en ambas perspectivas el diálogo aparece como una herramienta clave para el proceso educativo, en Freire es la base de la pedagogía, y le permite a los estudiantes ser agentes activos en la transformación, por su parte en Walsh, es un intercambio de cosmovisiones para reconstruir historias e identidades que reflejan realidades de las comunidades.
Del mismo modo, entre ambas también hay diferencias a la hora de entender el proceso de humanización, la dimensión de la emancipación y cómo abordar la praxis. Mientras por una parte Freire centra el proceso de humanización desde la perspectiva de una concienciación, por medio de la cual las personas toman conciencia de estructuras de opresión para desafiar un sistema, Walsh conecta la humanización con la decolonialidad, implicando un modo de enfrentar estructuras coloniales y epistemologías que marginan visiones no occidentales. Así, mientras Freire piensa la emancipación como resultado de la humanización, Walsh propone un ejercicio inverso donde la emancipación precede al proceso humanizador.
Ambas corrientes, a pesar de sus diferencias, convergen en la necesidad de repensar los fundamentos de la educación en América Latina para enfrentar los desafíos contemporáneos. En un momento donde perspectivas como el posthumanismo cuestionan las definiciones tradicionales de lo humano, estas pedagogías ofrecen vías para reconsiderar la educación no solo como una transmisión de conocimiento, sino como un proyecto de humanización que pueda responder a las críticas sociales, económicas y ambientales actuales. Podemos usar una metáfora, donde a modo de lentes, cada perspectiva nos permite ver y entender la educación en nuevas perspectivas.
Las investigaciones contemporáneas sobre pedagogías críticas y decoloniales enfatizan la necesidad de una revisión profunda de las prácticas educativas para que sirvan como herramientas contra las estructuras de poder coloniales y neoliberales. Estudios como el de Carter (2017) discuten cómo la educación científica ha sido influenciada por perspectivas que perpetúan la dominación, sugiriendo que el reconocimiento de los saberes desde el Sur Global puede ofrecer caminos para una educación más equitativa y menos eurocéntrica.
Del mismo modo, investigaciones como las de Figueroa (2015) y Greeson (2022) exploran las estrategias educativas que se pueden rediseñar para desmantelar estructuras coloniales y fomentar prácticas inclusivas centradas en la comunidad. Estos estudios muestran la importancia de repensar la educación desde lentes decoloniales, promoviendo una pedagogía que promueva la justicia social en contextos educativos contemporáneos.
La reevaluación de los enfoques pedagógicos en el contexto latinoamericano es una necesidad crucial. La educación, no se limita a la instrucción académica, puesto que involucra las realidades sociopolíticas, y puede aspirar a ser un vehículo para la transformación social y la realización plena de la humanidad en múltiples y ricas expresiones. Un diálogo entre pedagogías críticas y pedagogías decoloniales muestra una complejidad de la educación, subrayando la importancia del compromiso para la reinvención y crítica de las prácticas educativas.
Así, frente al futuro de la educación, las pedagogías críticas latinoamericanas pueden dar claves para comprender algunos desafíos contemporáneos, ante una realidad marcada por el neoliberalismo, la globalización y el uso cada vez más ubicuo de la tecnología avanzada. Ante un contexto de digitalización y diversidad cultural creciente, las pedagogías críticas proponen preguntas claves para comprender estos procesos, al tiempo que brindan herramientas complejas para repensar las prácticas educativas en este nuevo entorno. Estas preguntas no se limitan a los aprendizajes o conceptos básicos, los cuales parten de una visión neoliberal de la educación como mercancía que aumente el capital humano de las personas, ni a una perspectiva individualista de la educación que desconozca las problemáticas comunes que enfrentamos actualmente. En su lugar, ponen al centro del problema pedagógico la experiencia común, las condiciones sociopolíticas de las comunidades y las estrategias para superar formas de opresión y exclusión.
El concepto de humanización como eje clave para leer las discusiones pedagógicas muestra cómo podemos pensar la educación en el marco de las crisis actuales, en un marco de esperanza frente a la resignación que parece estar presente en el campo educativo actual. La humanización como un proceso que implica la construcción de lo humano, en tanto proyecto siempre inacabado y abierto a nuevas posibilidades posibilita lecturas donde pensar la educación como un espacio dinámico y transformador. En esta perspectiva, la humanización no sólo responde a necesidades individuales y colectivas dentro del aula, sino que también responde a crisis sociales, económicas y ambientales que marcan nuestro tiempo. Por medio del diálogo, la reflexión crítica y la praxis continua, la educación como lugar de resistencia puede servir para enfrentar la deshumanización que a menudo acompañan estas crisis.
En contextos de desigualdad social, la humanización en clave pedagógica sirve para empoderar a los estudiantes, para cuestionar y transformar estructuras de poder como señala Quijano (2000), igualmente, en el contexto de crisis climáticas, fomenta una conciencia ecológica profunda y la formación de una responsabilidad local y global. Ubicar la humanización al centro de la pedagogía permite imaginar y construir prácticas educativas que no sólo informen, sino que inspiren y movilicen a estudiantes y educadores para enfrentar y moldear nuevas posibilidades. Así, la educación como un acto de liberación, y como medio para la transformación social y personal permite desafiar la resignación para afirmar el potencial humano para el cambio y la mejora, y permite resignificar lo que significa ser educado en el siglo XXI.
Sin embargo, es importante abordar dos aspectos claves para pensar las pedagogías críticas de latinoamérica a la luz de los nuevos desafíos contemporáneos, en primer lugar, la problematización dada desde la globalización y la tecnología, en segundo lugar, el papel de la crítica al modo de entender lo humano, así como su relación con la naturaleza desde la perspectiva del posthumanismo. Las críticas a un sistema educativo tradicional pueden ampliarse para incluir nuevos problemas, rescatando el potencial transformador de estas pedagogías para responder a los desafíos actuales.
Así, ante una globalización que ha transformado las dinámicas sociales, económicas y culturales a nivel mundial, y que ha influido en todos los escenarios incluyendo el educativo, las pedagogías críticas tienen tanto una oportunidad como un desafío frente a este panorama. Si bien, la tecnología puede ser vista como una herramienta de la globalización que impone modelos hegemónicos, homogeneizantes y mercantilistas, donde prima el mercado ante los conocimientos y valores locales, también puede verse como una herramienta para acceder a múltiples voces y perspectivas que permitan un intercambio cultural para enriquecer las perspectivas educativas.
La tecnología puede entonces, tanto democratizar el acceso al conocimiento, permitiendo que distintas comunidades participen en experiencias globales, como servir para reforzar desigualdades existentes, creando brechas entre los que pueden acceder a los recursos tecnológicos y aquellos que no pueden hacerlo. Además de ello, el uso de la tecnología como estrategia para vigilancia y control de los individuos, es contrario a los intereses de liberación y autonomía que se buscan en las pedagogías críticas. Pensar la tecnología desde las perspectivas críticas implica reconocer sus posibilidades y limitaciones, así como los usos y desafíos que implica. En un marco de pedagogías críticas, reconocer la agencia de los individuos y cómo las acciones centradas en superar las estructuras de desigualdad pueden permitirnos análisis críticos sobre cómo la globalización y la tecnología pueden desarrollar estrategias que fomenten relaciones más justas y equitativas.
En un segundo aspecto, es importante cuestionar igualmente desde el posthumanismo la manera de entender las concepciones sobre lo humano. En esta perspectiva, la categoría de naturaleza se asume como una construcción, antes que una entidad fija y determinada, así categorías como humano, animal, medio ambiente, al igual que tecnología o máquina se consideran interdependientes, cuestionando perspectivas antropocéntricas que han estado presentes en filosofías occidentales y que han orientado prácticas educativas. En Latinoamérica, donde la relación entre cultural, tierra y naturaleza tiene dimensiones culturales, históricas y sociales, pensar el posthumanismo ofrece una posibilidad para revisar cómo pensamos desde la educación la humanidad y su entorno.
Ante perspectivas antropocéntricas que han ubicado en el centro del mundo al hombre, generando así crisis ecológicas y explotación de formas de vida, así como daños a los entornos que repercuten en daños al ser humano, las pedagogías críticas nos pueden ofrecer alternativas que se centren en problemas como la sostenibilidad ecológica, la coexistencia con la naturaleza, así como el reconocimiento de la interacción, no limitada a la relación entre humanos, sino también la tecnología, el medio ambiente y otras especies.
Revisar las pedagogías críticas es una tarea necesaria en el contexto actual. En un mundo globalizado, tecnológicamente avanzado y ecológicamente frágil, pensar en el marco de las pedagogías críticas ayuda a responder no solo a las necesidades educativas locales, sino también a problemas más amplios de justicia social y sostenibilidad. Esto puede ofrecer nuevas perspectivas en educación, que fomenten prácticas emancipadoras, que generen compromisos éticos y proporcionen herramientas para un futuro más justo y sostenible.
CONCLUSIONES
En este estudio se han explorado los conceptos de humanización y emancipación dentro de las pedagogías críticas y decoloniales en Latinoamérica, mostrando como estos conceptos abordan directamente los desafíos educativos y sociales contemporáneos. La humanización según Freire y Walsh hace de la educación un acto que trasciende la mera transmisión de conocimientos, siendo un acto de liberación que desafía estructuras de poder y promueve la igualdad social. De este modo, las teorías de Freire y Walsh, si bien son diferentes en sus enfoques y contextos, nos permiten tener perspectivas sobre vías para repensar la educación.
La humanización como concepto central para comprender las pedagogías críticas de Freire y las pedagogías decoloniales de Walsh, se entiende como un proceso de construcción de sujetos, los cuales pueden transformar de manera activa su entorno hacia modos que desafían estructuras de poder y formas de opresión. En un mundo dominado por perspectivas neoliberales, donde la educación se reduce a un mecanismo para mejorar la competitividad económica individual, pensar con Freire y Walsh nos ofrece un panorama con el que repensar la educación. Insistir en la educación como un espacio para el empoderamiento y la formación de conciencia crítica en estudiantes.
El análisis muestra como la humanización y emancipación no se quedan en objetivos pedagógicos, sino que constituyen imperativos éticos esenciales para restaurar la dignidad de individuos históricamente marginados y silenciados. En esta perspectiva la educación es un catalizador de un cambio hacia una sociedad más justa y equitativa, a partir de transformaciones de las prácticas educativas para que contribuyan al desarrollo de la autonomía y la capacidad crítica del estudiante. Pensar la humanización en el marco de la educación es promover un enfoque que valore el desarrollo integral de los individuos, reconociendo su identidad, cultura y desarrollo.
En esta revisión se puede ver cómo, ante un contexto educativo marcado por la globalización y la tecnología, las pedagogías críticas ofrecen herramientas para enfrentar estos desafíos. Mientras la globalización puede ofrecer oportunidades para el intercambio cultural y el acceso a distintas perspectivas, también representa un riesgo de homogeneización cultural. La tecnología por su parte puede ayudar a la democratización del conocimiento, pero también exacerba las desigualdades existentes y facilita formas de control y vigilancia contrarias a las ideas de liberación y autonomía de las pedagogías. Por ello, es importante subrayar que los educadores críticos pueden analizar el uso de las tecnologías y la globalización en sus prácticas, asegurando que estos recursos se utilicen de manera que fomenten equidad e inclusión.
Un punto clave es la centralidad del diálogo en las pedagogías críticas y decoloniales. El diálogo no solo permite la transferencia de conocimientos, sino que actúa como medio para el desarrollo de la conciencia crítica y la transformación social. Entre estas corrientes se enfatiza cómo el diálogo entre educadores y estudiantes permite el intercambio continuo que permita el cuestionamiento de las estructuras de poder existentes, al igual que permitir la contribución activa a la creación de una sociedad más justa y equitativa. El enfoque en el diálogo en la educación fomenta una interacción dinámica entre estudiantes y educadores convirtiendo el aula en un espacio de debate, reflexión y acción, invitando a los estudiantes a cuestionar y transformar realidades injustas promoviendo su participación activa.
La escuela emerge como institución clave para la formación de futuras generaciones, ocupa un lugar único y clave frente a las estructuras de poder, ante los cuales emerge como un espacio activo de resistencia y reimaginación, donde puede actuar como catalizador para el cambio social y cultural. A través de la revalorización de saberes y modos de vida comunitarios, así como la crítica a epistemologías dominantes, estas pedagogías buscan resistir a legados de opresión forjando caminos hacia futuros más inclusivos y justos. Integrar conocimientos tradicionales no sólo empodera a las comunidades al validar su experiencia y perspectiva, como señala Spivak (1988) al señalar que las voces de los subalternos son continuamente infravaloradas, sino que se transforma en un acto de resistencia contra las fuerzas homogeneizantes para ofrecer visiones más plurales y comprensivas.
Este análisis se limita a la lectura de documentos geográficamente centrados en Latinoamérica, lo cual puede dejar por fuera diversas experiencias del sur global que podrían ser interesantes para pensar en los retos actuales. Las pedagogías críticas y decoloniales ofrecen no sólo elementos negativos, sino también marcos para la acción transformadora dentro y fuera del aula. A medida que enfrentamos desafíos como la desigualdad, la crisis climática, las tensiones sociales, una educación centrada en la humanización y la emancipación aparece como una herramienta que permite fomentar la justicia y la equidad.
Para esto, futuras revisiones sobre cómo se comprenden y desarrollan prácticas educativas orientadas por las pedagogías críticas y decoloniales a la luz de las realidades actuales puede permitir reinterpretarlas para seguir pensando los problemas actuales, donde cada educador, estudiante y comunidad juega un papel clave para desempeñar en la construcción de futuros posibles. Igualmente, comprender diversas perspectivas desde prácticas rurales, o dinámicas socioculturales diversas puede ayudar a comprender el impacto de los contextos frente a los conceptos aquí analizados. En el tiempo actual, el desafío de educar constituye un reto, en el marco del cual las pedagogías críticas y decoloniales nos invita a repensar los fundamentos mismos de lo que entendemos por educación.
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[1] Este texto hace parte de una investigación doctoral en curso, desarrollada en el Doctorado Interinstitucional en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia (DIE-UPN) en el énfasis de Educación Cultura y Sociedad.
[2] Docente Orientador de la Gobernación de Cundinamarca. Licenciado en Psicología y Pedagogía, Magíster en Estudios en Infancias y estudiante del Doctorado en Educación de la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia DIE-UPN. juccardenals@upn.edu.co